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La economía y los mercados como sistemas complejos

David Cano Martinez,
Socio director de Afi Inversiones Globales

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Estás es un gimnasio y tras “darte una paliza” en la cinta te metes en la ducha. Accionas el grifo. Te gusta el agua caliente, así que mueves la palanca a la derecha. Tras unos segundos, el agua sale fría, por lo que optas por girar el grifo un poco más hacia la flecha roja. Y de repente… ¡te quemas! Rápidamente lo giras hacia el color azul. Tanto, que te hielas. No quieres esos contrastes de sensaciones. Optas por ponerlo en un punto intermedio para luego ir poco a poco girando hacia la derecha. Parece que la estrategia funciona. De forma inesperada y repentina la temperatura del agua baja otra vez. ¿Motivo? Otro usuario, en el puesto de al lado, comienza a ducharse. La temperatura de tu agua cambia y lo hace, en tu opinión, de forma aleatoria. Giras a un lado y al otro (temes que también lo está haciendo el de al lado, así como el de dos puestos más allá que ha optado por finalizar su ducha con agua helada). Pasan los minutos y no eres capaz de conseguir la temperatura adecuada. Es más, no consigues ni siquiera estabilizarla. No sabes qué estrategia es mejor: si mover el grifo o no hacer nada. El problema está en la acción de otros agentes y en el retraso prolongado de las respuestas. “Nada como la ducha para experimentar en nuestras propias carnes los placeres de las oscilaciones de frío y de calor que genera un retraso prolongado de la respuesta” dice Donella Meadows en “Pensar en sistemas”. Un libro escrito en 1993, pero que ha caído ahora en mis manos y que me ha servido para, como dice el título, pensar en sistemas, en concreto, en sistemas complejos. Y para confirmar que la economía y los mercados financieros son sistemas complejos en los que las relaciones causa / efecto son multifactoriales, no lineales, inestables y, como le pasa al agua de las duchas comunitarias, presenta retardos.

Déjenme que me centre en los retrasos. Donella Meadows lo explica muy bien: “Se intenta intervenir en un sistema en el que no se dispone de información puntual y en el que los retrasos físicos impiden que las acciones ejerzan un efecto inmediato en una determinada variable clave. Además, no se sabe cómo se va a comportar otra variable determinante. Los retrasos son una presencia generalizada en los sistemas y condicionan profundamente su comportamiento. Alterar la duración de un retraso puede provocar un gran cambio en el comportamiento de un sistema (o no, dependiendo del tipo de retraso y de la duración relativa de otros retrasos). Esta consecuencia perversa es muy habitual: una persona que quiere reparar un sistema se siente atraída intuitivamente pon un recurso que, en efecto, ejerce un efecto desmedido sobre el sistema. Y a continuación, con toda su buena intención… ¡lo utiliza mal! Esto demuestra, una vez más, que el comportamiento contraintuitivo de los sistemas puede sorprendernos cuando intentamos cambiarlos. En este caso, el problema se debe a que se ha reaccionado con demasiada rapidez, no con demasiada lentitud”.

Está claro que estoy pensando en la política monetaria y en los procesos de subidas y bajadas de tipos de interés. ¿Se habrán equivocado los bancos centrales endureciendo en exceso las condiciones monetarias? Lo sabremos dentro de unos meses (me temo que no antes).

Evolución de los tipos de interés de intervención

Fuente: Bloomberg

Los ciclos no los provocan los gobernantes, aunque puedan contribuir en gran medida a atenuar o intensificar el optimismo asociado a los repuntes y el sufrimiento de las crisis económicas. Los sistemas económicos son extremadamente complejos, están atestados de bucles de retroalimentación compensadores con retrasos y son inherentemente oscilatorios”.

Porque aun suponiendo que pudiéramos modelizar sistemas complejos, como es el PIB, y que no se produjeran fenómenos inesperados (pandemias, guerras, etc.) no sabemos cuándo se producen los acontecimientos y el tiempo que tardan en reaccionar las variables.

Pero cuando leía a Donella y lo escrito sobre los retardos, además de la política monetaria, me acordaba del denominado “efecto látigo” en las cadenas de producción y su reflejo en los cuellos de botella. “Muchos modelos económicos cometen errores pues presuponen que el consumo o la producción pueden reaccionar de manera inmediata a un cambio de precio, por ejemplo”. Aprovecho para traer aquí la actualización del índice Afi de cuellos de botellas que arroja buenas noticias. Los problemas vigentes en 2021 y la primera mitad de 2022, y que tanto impacto negativo tuvo sobre la actividad económica y la inflación, parece que se han disipado.

Índice Afi de cuellos de botella

Fuente: Afi

Termino con esta frase: “A nuestra razón le gusta pensar que una causa individual producirá un efecto individual. Pero vivimos en un mundo en el que numerosas causas se suelen unir para provocar numerosos efectos” que me lleva a otro concepto: “la ilusión de comprender” (Taleb) y la importancia de las narrativas (Shiller).

 

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