David Cano Martinez,
Socio de Afi y director general de Afi Inversiones Globales, SGIIC
-
Persiste la incertidumbre en torno al riesgo geoestratégico. Cuando escribo estas líneas se cumplen cuatro años del inicio de la invasión de Rusia a Ucrania sin que la promesa de Trump de alcanzar un alto el fuego se haya materializado. En sentido contrario, se han incrementado las expectativas de que EE. UU. ataque Irán en cualquier momento, lo que se ha reflejado en la cotización del precio del barril de petróleo, que ha superado los 70 USD (el efecto relajador posterior a la detención de Maduro se ha esfumado). Otra variable que puede reflejar cierta aversión al riesgo en los mercados es la cotización del oro. Si bien no ha recuperado la intensa caída de finales de enero (-15%, de 5.300 USD/onza a 4.600 USD/onza), sí parece haber marcado un punto de inflexión.

También es relevante lo observado en el mercado de divisas, donde el USD se ha apreciado frente al EUR. Y lo hace desde la máxima debilidad del USD (1,2050 USD/EUR), que coincide en el tiempo con los máximos del oro (¿casualidad? No parece). En este caso, la recuperación del USD estaría vinculada con el nuevo “TACO” de Trump, ahora asociado a Groenlandia (dando respuesta afirmativa a la pregunta que nos hacíamos aquí: https://asset.es/escenarios-para-2026/ el mes pasado). A riesgo de que la actualidad, cuando leas esto, “me calle la boca”, no hemos vuelto a oír nada de las ambiciones territoriales del presidente de EE. UU. ¿Acaso la depreciación del USD y el repunte de los tipos de interés de la deuda pública supusieron, como ya sucedió en abril de 2025, la evidencia de que aquel país tiene una vulnerabilidad? Con el persistente déficit por cuenta corriente, necesita flujos de financiación desde el exterior (y más ahora si quiere financiar la ingente cantidad de CAPEX de los hiperescaladores). El ahorro está en Europa (¡para una fortaleza que tenemos, usémosla!) y el gobierno de EE. UU. no debería morder la mano que le da de comer.

Termino con lo que da título a mi post: los brotes verdes que empezamos a ver en la actividad industrial en la zona euro. En febrero hemos tenido una sorpresa positiva de los PMI. El índice compuesto repunta hasta 51,9 (desde 51,3 de enero), apoyado, sobre todo, por el inesperado retorno al crecimiento del sector manufacturero alemán (50,7) —el primero en más de tres años—, en un contexto de mayor gasto público en defensa e infraestructuras. El PMI manufacturero de la zona euro se eleva a 50,8 (desde 49,5), lo que es un máximo de los últimos 44 meses, mientras que el PMI de servicios aumenta a 51,8 (51,6 en enero). Sé que es muy pronto para apuntar a una aceleración cíclica en la UME —más aún si tenemos en cuenta la atonía del consumo privado en los principales países—, pero no cabe duda de que supone una mejoría. Suficiente como para que quienes siguen anticipando un recorte de tipos del BCE cambien de opinión. El mercado, desde luego, no descuenta nuevos descensos (el último de un total de ocho fue en junio de 2025), lo que se refleja en la evolución del Euríbor 12 meses, que está relativamente estable (desde mayo del año pasado) en la cota del 2,25%. También parece muy prematuro apostar por un alza en el corto plazo (al fin y al cabo, el crecimiento del PIB de la zona euro será un discreto 1,5%). Sigo pensando que el próximo movimiento del BCE será al alza, pero habrá que esperar hasta la primavera de 2027 para ello.
