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Cinco pasos para integrar la educación financiera en la agenda corporativa

Entrevista con Lena Perepelova
Educadora financiera independiente

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Lena Perepelova es educadora financiera independiente con una amplia trayectoria en iniciativas de educación financiera y bienestar financiero. En 2023 colaboró con Acción Social de ASSET, liderando una iniciativa dirigida a mujeres emigrantes en España para reforzar su integración social y su resiliencia económica.

Con motivo del Día de la Educación Financiera, conversamos con ella sobre el papel de las empresas —y en particular de los CFOs— en cerrar la brecha de capacidades financieras.

¿Por qué es relevante hablar de educación financiera en la empresa en el Día de la Educación Financiera?

El Día de la Educación Financiera busca llamar la atención sobre uno de los mayores problemas de nuestra sociedad: los bajos niveles de alfabetización financiera. Esta carencia no es un detalle menor, tiene consecuencias muy serias: a nivel personal limita oportunidades y aumenta la vulnerabilidad, y a nivel colectivo frena el emprendimiento, reduce el crecimiento económico y debilita la cohesión social del país, con efectos que pueden prolongarse durante generaciones.

Hoy en día, la educación financiera es una capacidad básica para desenvolverse en la sociedad, al mismo nivel que la competencia digital o los idiomas. Sin embargo, solemos pensar que se trata solo de enseñar a niños y jóvenes, cuando en realidad el reto es elevar las capacidades financieras en todos los niveles de la población.

El mundo corporativo tiene una oportunidad única: dispone de los medios, el alcance y la legitimidad para ayudar a cerrar esta brecha. Sin embargo, muchas empresas aún no son conscientes de este potencial ni del impacto que podrían generar si lo aprovechan.

¿De qué manera concreta pueden las empresas contribuir a cerrar esta brecha de educación financiera?

Cerrar esta brecha exige soluciones creativas, y ahí es donde las empresas pueden desempeñar un papel decisivo mediante programas de bienestar financiero.

¿Qué entendemos por bienestar financiero y por qué debería importarle a la empresa?

El bienestar financiero no se trata de acumular un gran patrimonio. Es un estado personal en el que la persona se siente en control de su situación económica, tiene seguridad sobre su futuro financiero y es capaz de utilizar el dinero disponible de manera coherente con sus propios valores. La falta de alguno de estos tres elementos suele derivar en estrés financiero, que se convierte en una barrera que afecta directamente a la motivación, la concentración y la productividad de los empleados.

¿Qué beneficios tangibles obtiene la empresa al apostar por la educación financiera?

Para la empresa, promover el bienestar financiero significa contar con equipos más enfocados, comprometidos y alineados con sus objetivos estratégicos.

Los beneficios son inmediatos y medibles:

  • Mejora de la salud mental y emocional: empleados menos estresados son más productivos, creativos y comprometidos.
  • Mejor alineación con los intereses de la empresa: un empleado que entiende de finanzas comprende mejor presupuestos, márgenes y objetivos estratégicos.
  • Colaboración y cultura organizativa: hablar de finanzas con confianza fomenta la transparencia, mejora la cooperación entre departamentos y fortalece la orientación común hacia las metas corporativas.

¿Cómo se traduce todo esto en la práctica? ¿Qué elementos debería incluir un programa de bienestar financiero dentro de la empresa?

Un programa de bienestar financiero bien diseñado acompaña a los empleados en tres dimensiones clave:

  • Conocimientos: entender los conceptos fundamentales.
  • Mentalidad: ganar confianza en el manejo de los números y en la capacidad de aprender.
  • Hábitos: integrar rutinas sencillas que faciliten un uso más consciente y estratégico de los recursos.

Además, puede incorporar herramientas digitales e incluso productos financieros que conviertan la teoría en acciones prácticas, acercando la educación financiera a la realidad diaria de las personas.

¿Qué papel específico puede jugar un CFO en este ámbito?
Hoy en día, muchas veces las iniciativas de bienestar financiero se diluyen entre otras propuestas de bienestar corporativo, pero conviene recordar que el estrés financiero no se trata con clases de yoga. 

Aunque los programas de bienestar financiero suelen estar bajo la responsabilidad del departamento de Recursos Humanos, el CFO puede y debe actuar como su principal impulsor en coordinación con RRHH.

El CFO entiende mejor que nadie la importancia de los números, los márgenes y la planificación a largo plazo, y puede trasladar este conocimiento a la cultura organizativa. Además, cuenta con la credibilidad necesaria para demostrar que la educación financiera no es un coste, sino una inversión con retorno en productividad, compromiso y retención del talento.

¿Cómo se relaciona la educación financiera con la diversidad y la inclusión, especialmente en el caso de las mujeres?

Las mujeres, por desgracia, tienen conocimientos financieros más bajos que hombres y a menudo se expresan su baja confianza financiera.

La brecha de confianza financiera es un obstáculo importante para muchas mujeres en su desarrollo profesional. Mejorar las capacidades financieras de las empleadas no solo reduce esa brecha, sino que también fortalece sus posibilidades de acceder a posiciones de liderazgo. Cuando una mujer gana confianza en la gestión financiera, está más preparada para participar en decisiones estratégicas y asumir responsabilidades directivas. Un programa corporativo puede ser una palanca de diversidad e inclusión y, al mismo tiempo, un impulsor del talento femenino.

Para terminar, ¿Qué acciones concretas puede llevar a cabo una empresa que quiera impulsar la educación financiera?

Existen varias acciones prácticas que pueden marcar la diferencia:

  • Diagnóstico interno – Medir el nivel de estrés financiero y de conocimientos de la plantilla. Esto puede hacerse de forma sencilla mediante unas pocas preguntas abiertas en una encuesta o en un focus group.
  • Crear una conversación dentro de la empresa – Generar espacios donde los empleados puedan expresar sus preocupaciones y solicitar proactivamente formación en educación financiera. Escuchar sus necesidades es clave para diseñar un programa relevante y eficaz.
  • Ofrecer modalidades diferenciadas – Una plantilla diversa tendrá también necesidades financieras diversas. Adaptar la modalidad a cada perfil garantiza que el programa sea útil y significativo:
    • quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad o problemas agudos de salud financiera necesitan un acompañamiento individualizado;
    • los empleados jóvenes requieren un enfoque distinto al de quienes se acercan a la jubilación;
    • las distintas áreas de negocio pueden tener diferentes niveles de conocimiento y capacidad para asimilar conceptos financieros.
  • Promover el aprendizaje continuo – Integrar la educación financiera dentro de la formación recurrente, evitando que quede en una acción puntual y fomentando hábitos sostenibles a largo plazo.

Muchas gracias, Lena, por compartir tu visión y tu experiencia sobre un tema tan necesario.

Como habrás notado, es un tema que me apasiona y en el que llevo años trabajando. Tengo muchas ganas de acompañar a las empresas en la implementación de programas de bienestar financiero que generen un impacto real tanto en sus empleados como en la organización en su conjunto.

 

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