En las primeras fases de la expansión del coronavirus no ha existido consenso sobre la estrategia que debía seguirse para frenarla. Pero a medida que se ha constatado la rapidez del contagio y se ha incrementado el número de fallecidos, se ha ido imponiendo la de “aplanar la curva”. O, dicho de otra forma, “hacer todo lo que sea necesario” para impedir la expansión del virus: confinamiento y reducción de la producción. Cueste lo que cueste en términos de PIB. Así, se ha priorizado reducir los contagios y las muertes sin tener en consideración el impacto económico. O, tal vez, precisamente por eso: contener la pandemia lo antes posible es la mejor forma de evitar una crisis económica duradera. El tiempo dirá qué estrategia es la más acertada y sentará un precedente de actuación para la próxima pandemia.

Aplanar la curva

David Cano

Lo que está claro que vamos a asistir a la mayor recesión económica de la Historia. Todavía es pronto para poder cuantificarla, y cualquier previsión está supeditada al marco temporal de la crisis sanitaria: sin fin del coronavirus no habrá fin de la recesión. El consenso habla de una caída del PIB del 20% en términos anualizados, de tal forma que, si la crisis dura dos trimestres, la corrección sería del 10%. Cálculo “sencillo” muy sujeto, insisto, a muchos supuestos sobre los que ahora tenemos poca visibilidad. Pero es posible afirmar que la perturbación económica será la más importante jamás vista. Más aún que en la Gran Depresión de los años 30 o en las Guerras Mundiales.

Pero respecto a estas recesiones, ahora contamos con herramientas. Me refiero a la política monetaria y a la política fiscal que, en estas circunstancias, no están agotadas. Ni mucho menos. Los estímulos, vía gasto público, van a ser de una intensidad jamás antes vistos. Esta puede ser la gran diferencia respecto a la crisis de los años 30. La rapidez y contundencia de la reacción de las autoridades económicas. Junto con la de los bancos centrales. Aquellos que han podido (EEUU o el Banco de Inglaterra) han recortado los tipos de interés hasta situarlos en el 0,0%.

David Cano

Y todos ha reeditado los programas de medidas no convencionales (inyección de liquidez y compra de activos de renta fija). Éstas fueron diseñadas entre 2008 y 2009. Entonces se tardó mucho más tiempo en concebirlas, aprobarlas e implantarlas. Y en cierto modo porque la Gran Crisis Financiera Global (también denominada Gran Recesión) fue mucho más compleja (una crisis financiera con origen en el centro del sistema). Ahora nos parece que no, que todo el mundo la entendía. Caemos en el sesgo retrospectivo y nuestra memoria nos falla. Pero primero fue una crisis de liquidez en el mercado interbancario (verano de 2007), luego un problema de solvencia de algunas entidades, luego el efecto sistémico de Lehman (septiembre de 2008), luego la crisis económica (primera mitad de 2009), el bucle diabólico (Ontiveros), luego el riesgo de ruptura de la UME (2011-2012). ¡Aquella crisis fue mucho más compleja que esta! Y, además, una parte de los países (y economistas) estaban en contra de la batería de medidas no convencionales que, tarde o temprano (en algunos casos, como en la UME, demasiado tarde) se adoptaron. Ahora ha sido cuestión de unos pocos días (entre 5 y 15) y aunque algunas autoridades han cometido algún traspiés de comunicación (Lagarde, 12 de marzo y el gobernador del Banco de Austria, 18 de marzo) nadie duda de que harán “todo lo que sea necesario”, ahora en el terreno de la economía, para mitigar los efectos de la recesión y, sobre todo, para evitar daños estructurales. La clave es que no se produzcan “rupturas irreparables” en el tejido productivo y que éste esté operativo para que el día después (el D+1) se pueda reactivar la actividad en el menor tiempo posible. Para ello, será clave que toda esa liquidez que van a inyectar los bancos centrales llegue a las empresas (y en especial, a las PYMES) y a las familias vía canal bancario. Toda una oportunidad para que las entidades crediticias recuperen su merecido protagonismo y el apoyo de los ciudadanos.

David Cano Martínez
@david_cano_m