El coronavirus sigue siendo la piedra angular a la hora de anticipar la futura evolución de la economía y de las variables financieras. El problema radica en la dificultad para hacer previsiones no sólo de su evolución, sino también de su impacto sobre el PIB. Las evidencias históricas sobre virus no son suficientemente frecuentes, y aunque todas ellas tienen en común su escasa duración, es obvio que “esta vez puede ser diferente”. Porque sin duda hay un elemento diferencial adicional y, de momento, más claro: afecta a la segunda economía del mundo y al principal motor. Que China haya optado por una estrategia de “cierre y reclusión”, que es posible que sea la más eficaz para evitar una propagación del coronavirus (además de todo un alarde de “gestión logística”), implica la paralización del 20% del PIB mundial. Solo con este dato es posible estimar en un impacto de entre 5% y 10% del PIB de China que se trasladaría a entre 1% y 2% en el total mundial. Si tenemos en cuenta que la previsión “pre virus” era de un avance del 3%, se constata la advertencia que se debe realizar sobre la potencial debilidad de la economía a corto plazo. Un nuevo reto analítico para los economistas derivado de una “paralización espontánea” de la actividad.

Pero en el momento de escribir estas líneas no contamos con “confirmaciones oficiales” del impacto. Los organismos internacionales no han actualizado sus previsiones, y si lo han hecho, el resultado ha sido un mantenimiento. Por ejemplo, las previsiones de invierno de la Comisión Europea (CE) se alinean con el consenso. Los malos datos de crecimiento del 4T19 de Francia e Italia, que se contrajeron un 0,1% y un 0,3% trimestral respectivamente, han hecho que la CE reduzca dos décimas el avance para este año en el caso de la economía gala, y una décima en 2020 y 2021 para Italia (sin duda, el PIB menos dinámico de la UME). En el caso de la economía alemana, se revisa levemente al alza hasta el 1,1% para este año y el siguiente (si fue la más afectada por las tensiones comerciales entre EEUU y China, debería ser la más beneficiada del reciente acuerdo). Para la economía española, después de avanzar un 0,5% trimestral en el 4T19, ve su previsión para este año elevarse hasta el 1,6% (situándose en el mismo nivel que el gobierno), en el que se espera que la inversión recupere tono después de un débil 2019 y que la aportación de la demanda externa se reduzca y se encamine hacia la neutralidad. De cara a 2021, se espera que se reduzca una décima. En definitiva, el escenario de la economía española sigue siendo el de una gradual pérdida de dinamismo. A pesar de estas ligeras variaciones, el conjunto del área euro no sufre cambios y se mantiene el avance del 1,2% tanto este año como en 2021. Se destaca la solidez del consumo privado, que se espera que se mantenga estable durante este año con un mercado laboral que sigue mejorando (aunque en menor medida que otros años) y con unos salarios que continúan creciendo. Como nota negativa, no se espera un rebote del sector exterior por la continuidad de la incertidumbre, y la debilidad de la demanda externa.

Previsiones que, de momento, no son sensibles al coronavirus. Como tampoco lo han sido, hasta ahora, los mercados financieros. Pero justo a punto de enviar estas líneas se ha sabido que han fallecido 3 personas en Italia a consecuencia del COVID-2019. La reacción de los índices bursátiles está siendo relativamente virulenta, así como en el mercado de bonos, con cesiones de los niveles de rentabilidad hacia mínimos (históricos en el caso de EEUU) y apreciación del USD. En definitiva, un cuadro característico de los movimientos compatibles con un aumento de la incertidumbre y una potencial, ahora sí, recaída del ciclo. Tendremos ocasión de analizarlo con más visibilidad (¡eso espero) el próximo mes. De momento, prudencia.

David Cano Martínez
@david_cano_m