Una de las tesis centrales para el entorno económico es que en 2020 vamos a asistir a una recuperación de la tasa de crecimiento del PIB mundial. A tenor de la actualización de sus previsiones, el Banco Mundial la comparte, ya que, a pesar del recorte en 2 décimas, anticipa una aceleración de una décima anual para el trienio 2020-2022.

Previsiones de crecimiento del PIB del Banco Mundial

David Cano ASSET
Fuente: Banco Mundial

En este sentido, aprovecho para advertir de la diferencia en la tasa de crecimiento que maneja este organismo supranacional (2,5%) frente al de otros (como el FMI, la OCDE, la Comisión Europea, etc.), que contemplan un avance en la zona del 3,0%. La diferencia estriba en cómo se calculan las cuotas de cada economía. Así, mientras que el Banco Mundial utiliza los tipos de cambio de mercado actuales, el resto de organismos recurre a la paridad del poder adquisitivo (PPA o PPP en inglés). Las monedas de los países emergentes están infravaloradas respecto a su PPP (este tipo de cambio tiene en cuenta la evolución histórica de la inflación), de tal forma que, si recurrimos al tipo de cambio de mercado, el tamaño del PIB de las economías emergentes es inferior al que resulta si utilizamos la PPA. Y dado que estos países van a ser más dinámicos (en promedio, 4%, frente a 1,5% de desarrollados), la media ponderada total resulta más baja si les asignamos un menor peso (que es lo que sucede en el caso del Banco Mundial).

Más allá de esta distinción técnica, el Banco Mundial se suma, como decíamos al principio, al escenario de ligera aceleración, en el que EEUU y China son los motores. Los dos pierden dinamismo, pero de manera gradual. EEUU, con un crecimiento del 1,8% no sufrirá una recesión, ni China, con un 5,9%, un “aterrizaje fuerte” (en 2019 habrían crecido al 2,3% y al 6,1%, respectivamente). La aceleración procederá del resto de BRICTM, como Rusia (+1,6% vs +1,2%), Turquía (+3,0% vs 0,0%), Brasil (+2,0% vs +1,1%), México (+1,2% vs 0,0%) y, sobre todo, India, que crecería al 5,8% desde el 5,0% de 2019. Respecto a la UME, repetición de la tasa de crecimiento en un decepcionante 1,0% (algo baja nos parece esta cifra: nosotros contemplamos un 1,3% ante la mayor aceleración de Alemania e Italia).

Un escenario macro “positivo” que depende de que no se deteriore ni desde la vertiente de la geoestrategia ni de la política monetaria. En el primer caso, el año empezó con el aumento de tensión en Irán pero bien sea por “errores humanos”, por “ausencia real de deseo de conflicto” o por “incapacidad de hacer una guerra”, lo cierto es que no parece que haya ido a más. Así, los diferentes indicadores de tensión geopolítica siguen cediendo, con la firma del acuerdo comercial entre EEUU y China como principal referencia. En un año electoral como este, Trump no debería abrir “focos de tensión” exterior y centrase en exhibir internamente la fortaleza de la economía de EEUU y logros conseguidos durante su primer mandato. Tampoco el BREXIT, Latinoamérica y, ahora Francia, parece que vaya ir contra el ciclo… ¡tal vez lo contrario!

¿Acaso es tiempo de volver a pensar en los bancos centrales como principal factor de riesgo? No lo creo pero, desde luego, como comenté el mes pasado, no ejercerán el papel de dinamizadores que supusieron en 2019 con las rebajas de tipos (“No cuenten con más estímulos monetarios”), especialmente la Reserva Federal de EEUU (recortó en 3 ocasiones). Pero atención porque si la inflación continúa aumentando (las expectativas en los mercados financieros sí lo están haciendo) podrían modificar su discurso y, de esta forma, “presionar” al alza los tramos largos de las curvas de tipos de interés. Los tipos de interés a 10 años están repuntando desde los mínimos (históricos en muchos casos) de finales de agosto (-0,70% Bund, 0,0% España y 1,5% EEUU) en una tendencia que podría continuar. Es decir, no esperamos subidas de tipos de referencia de los bancos centrales, pero sí alzas en los tipos a largo plazo, con el consiguiente endurecimiento de las condiciones monetarias. Débil, sí, pero con un claro cambio de signo respecto a la relajación de 2019, y sin que desde la política fiscal podamos esperar un mayor sesgo expansivo (salvo que en la UME Alemania nos sorprenda con un Green Deal).

El cisne negro sigue siendo un potencial desastre medioambiental (dado que un impago en la deuda empresarial en China parece que va perdiendo probabilidad de ocurrencia, al menos en 2020).

David Cano Martínez
@david_cano_m