Talentia

Tras el parón que supone el período estival en casi todas las áreas productivas, en prácticamente todos los mercados, hay que reiniciar la actividad y «recuperar sensaciones». En lo relativo a la planificación financiera, conviene interiorizar algunas tareas que pondrán a prueba, tanto el plan financiero de la empresa como tu estrategia general. Cuanto antes se interioricen y se consiga que formen parte del proceso de trabajo habitual, antes nos podremos centrar en los retos que, seguramente,  planteará el cierre de ejercicio.

1. Comprobación el impacto del verano en tu plan financiero

Aunque el efecto que un descenso en la actividad debe estar previsto, medido e integrado de manera lógica y «natural» en la planificación financiera, nunca está de más comprobar que las previsiones se han ajustado a la realidad. Tras el frenazo que suelen suponer las vacaciones, es conveniente que se realicen comprobaciones empíricas, con datos fiables, del plan financiero y que se contraste estos datos con las previsiones.

Esta tarea puede resultarte mucho más llevadera si se utilizan aplicaciones de inteligencia financiera que puedan permitir una monitorización constante de los datos en tiempo real. Si la planificación financiera se ha realizado de manera racional, las desviaciones — si las hay — no deben suponer ningún cataclismo. El hecho de contar con datos sólidos y fiables, además, hará posible que la «panorámica» que estos ofrecen se correspondan con la situación, y no con una construcción abstracta, sin ninguna base.

2. Modificación de todo lo necesario para terminar el año con solidez

Aunque se sea un fanático de la planificación financiera y una persona profundamente preocupada por la monitorización, hay que asumir que la perfección no existe. A lo largo del año, también en vacaciones, los mercados y la realidad está sometida al impacto e influencia de multitud de factores, de las más diversas procedencias y características. Y lo sentimos, pero sencillamente, son imposibles de predecir.

Un plan asistido por inteligencia financiera es mucho menos vulnerable a estas fluctuaciones que uno «estándar». No obstante, menos vulnerabilidad no es sinónimo de impermeabilidad. Es casi seguro que nuestros planteamientos con el arranque del ejercicio, así como nuestras estrategias y nuestro plan financiero hicieran referencia, a inicios de año — e incluso antes del período vacacional — a realidades que se han visto modificadas, en mayor o menor medida.

La comprobación y el reajuste constante son siempre un buen consejo. Pero, si se considera necesario, ahora es el momento ideal para aplicar aquellos cambios que el nuevo escenario requiera. Insistimos, el haber hecho esta labor de reajuste «en tiempo real» durante el resto del año, nos ahorrará quebraderos de cabeza, o planteamientos excesivamente disruptivos. Pero si las estrategias, el plan financiero o los objetivos deben sufrir modificaciones no hay motivo para demorar más este ligero cambio de rumbo.

3. Comparación de los objetivos y revisión de las estrategias

A estas alturas, con tres cuartas partes del ejercicio anual «en el bolsillo» es conveniente echar la vista atrás y comprobar que no nos hemos desviado del camino marcado en el mes de enero. El plan financiero debe contar, entre otras muchas cosas, con determinados «hitos» u objetivos parciales que deben servir de acicate para lograr las metas de tipo general, establecidas en la estrategia.

¿Se han cumplido esos objetivos parciales? ¿La estrategia específica para alcanzarlos era la apropiada? Normalmente, si se ha vigilado de manera constante el «mapa» — algo que no nos podemos cansar de recomendar — ningún análisis o comparativa que se realice a la vuelta de las vacaciones debería ofrecer una información escandalosa. Pero no es descartable que sean necesarios algunos ajustes para no desviarse demasiado del camino.


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