Está claro que mejorar los resultados de la empresa es una de las funciones indispensables y prioritarias de cualquier departamento financiero. Las nuevas tecnologías son decisivas para ayudar a la empresa en su búsqueda de la excelencia. En este sentido, los tesoreros han tomado la delantera con frecuencia, visto las soluciones tecnológicas que utilizan y que les permiten conectar con bancos de todo el mundo (para recuperar sus extractos de cuentas) o informatizar procesos de principio a fin, como puede ser el de los pagos. Asimismo, han sido unos de los primeros en adoptar soluciones en la nube para cubrir necesidades de seguridad o para hacer que las filiales de la empresa puedan disponer de esas soluciones con facilidad y, así, simplificar la implantación de su proyecto de centralización de tesorería o de pagos (Payment Factory, o central de pagos). No obstante, reducir la transformación digital —indispensable para la expansión empresarial— al uso de nuevas tecnologías, se queda corto y es insuficiente. Después de todo, lo que subyace tras el término transformación digital es una ruptura mucho más radical que la ruptura tecnológica iniciada hace ya muchos años. De hecho, las empresas ahora deben satisfacer la demanda de nuevos usos. Y, una vez más, los tesoreros están a la cabeza. 

Nuevos usos

¿Los directores financieros son cada vez más nómadas? Entonces, tienen que poder conciliar su actual estilo de trabajo con el hecho de tener que aprobar, por ejemplo, un pago importante, y, aquí, entra en juego el móvil. Aparte, los responsables financieros recurren a este mismo canal de comunicación para consultar los indicadores de control utilizados. Poder consultar una información o comprobar una cifra referente a la situación de tesorería de la empresa, sin estar en la oficina, ha pasado a ser una práctica habitual entre los directores financieros ocupados en todo momento.

La inmediatez se ha convertido en la norma de los actuales usos. El tesorero debe responder con rapidez a las exigencias de su departamento, ya sea para adoptar una postura respecto al mercado cambiario o para facilitar datos financieros estratégicos. No hay tiempo para vacilaciones cuando los mercados se embalan y la empresa puede verse expuesta a los efectos de esos cambios de marcha repentinos. Hay que estar en condiciones de evaluar con rapidez su exposición, tomar posiciones y dictar órdenes ventajosas para proteger sus intereses.

Y no solo eso. En un mundo cada día más globalizado, competitivo y digital, las empresas tienen que abrirse más, comunicar y replantear la relación que mantienen con sus clientes, proveedores e interlocutores bancarios.

A fin de cuentas, la transformación digital debe permitir a las empresas estar más interconectadas con su entorno. Se acabó que los proveedores llamen periódicamente al departamento contable para indicarles algún cambio en sus datos bancarios. Ahora pueden conectarse a portales específicos, que el cliente pone a su disposición, e introducir la información, garantizar su seguridad, realizar su seguimiento y sincronizarla con su sistema de información. Son nuevas herramientas desarrolladas con vistas a la colaboración y que integran los nuevos códigos de la metamorfosis digital: sencillez, comodidad, flexibilidad y seguridad. El motivo es que, hoy en día, la frontera entre la esfera privada y la profesional tiende a desaparecer cuando se habla de uso. Los usuarios de soluciones profesionales —en un sentido amplio, miembros del departamento financiero, otros equipos internos, clientes, proveedores y socios— pertenecen a una misma comunidad cuyas expectativas confluyen en esos nuevos códigos. Unos códigos inspirados en la esfera privada y que, sin duda, no son ajenos a los cuatro imperios digitales: Google, Apple, Facebook y Amazon (GAFA).

La seguridad en el meollo de la cuestión

Pero, cuidado. Abrirse significa también exponerse a los diferentes riesgos que se derivan de este mundo inestable y que las empresas deben afrontar. De nuevo el tesorero, que debe prestar apoyo a su departamento en el cambio, está involucrado en esta lucha: riesgos financieros (cambio, tipos, materias primas), riesgo de liquidez, riesgo de fraude, riesgo de contrapartida, protección de datos financieros confidenciales… ¡Está presente en todos los frentes de batalla! No podría ser de otra forma, pues su misión principal es garantizar la seguridad financiera de la empresa. De hecho, ¿quién si no el tesorero es el más indicado para digitalizar, automatizar y, en especial, garantizar la seguridad de los medios de pago que van de la empresa a los bancos? Para él, que desde un principio se ha movido en un contexto de control de la seguridad, este concepto es sumamente importante. La transformación digital, por muy indispensable que sea, no se puede llevar a cabo sin integrar la dimensión de seguridad en todas sus vertientes. En caso contrario, se corre el riesgo de poner a las empresas embarcadas en este cambio frente a un peligro bien diferente: su supervivencia.

¿Están preparados?

La transformación digital, impulsada por la dirección general, conlleva un cambio profundo en el área financiera, que debe hacer que su organización, procesos y métodos evolucionen para afrontar los retos que se presenten. Obviamente, las respuestas no solo son tecnológicas, sino que se basan más bien en la integración de la tecnología digital en todos los ámbitos de la sociedad humana. Este es el reto de los próximos años para las empresas, y el departamento financiero tiene que tener un papel activo en proyectos de este tipo. La buena noticia es que los tesoreros están preparados para encarar los nuevos retos.