El ciclo económico mundial sigue siendo expansivo y las señales de moderación parece que no van a más. Ello, a pesar de la nueva perturbación en los mercados financieros, especialmente los bursátiles que, no obstante, ha sido de escasa intensidad. La corrección, desde máximos históricos, del S&P 500 o del Nasdaq equivale al 5%, similar a la observada en el resto de índices, salvo el CSI 300 chino, donde ha sido algo más intensa (-8%). Y es que, como es sabido, la cesión bursátil ha estado asociada a las renovadas dudas sobre el potencial acuerdo comercial entre EEUU y China, ahora que vencía la tregua de los 90 días.

Como decíamos, la caída de las cotizaciones bursátiles ha sido de escasa cuantía. Tal vez porque los tipos de interés a largo plazo han vuelto a ceder, con el impacto positivo en las valoraciones de las acciones. El abaratamiento de las materias primas ayuda a que, una vez más, vuelva a retrasarse cualquier expectativa de repunte de la inflación. Más tiempo, en consecuencia, para descartar una subida de tipos de interés de los bancos centrales en el corto plazo, con el consiguiente impacto a la baja en los tipos de interés a 10 años. La política monetaria, gracias a la ausencia de inflación, sigue siendo cómplice del crecimiento del PIB mundial.

Así pues, el ciclo económico mundial resiste y aunque la tensión comercial entre EEUU y China ha provocado una pérdida de dinamismo, no parece que vaya a poder hacerlo descarrilar (“breve y de escasa cuantía” decíamos el pasado mes al referirnos al “bache de la economía mundial”). Todo apunta a que continuará la fase expansiva de EEUU va a ser la más largo de su historia.

En este sentido, el reciente “Documento Ocasional” del Banco de España de Víctor González-Díez y Enrique Mora-Benito nos recuerda la evidencia recogida por otros autores sobre “la reducción de la volatilidad de los ciclos económicos a medida que los servicios ganan peso en detrimento de la manufactura”. Este proceso de terciarización es uno de los que merece una especial atención, ya que sirve no sólo para entender las dinámicas económicas generales, sino otros aspectos como la actual duración del ciclo expansivo o el menor impacto que puede tener en él la ralentización o incluso caída del comercio mundial.

El artículo describe la evolución “lógica” de toda economía hacia estados avanzados de desarrollo, desde el momento inicial en el que la agricultura es el sector más importante (1) y cómo, a medida, que se va incrementando la renta per cápita se desarrollan, primero las manufacturas (en forma de “U invertida”, ver gráfico) y después los servicios (entran en funcionamiento fuerzas de demanda: las preferencias de los consumidores). Las ganancias de productividad también marcan este proceso, acelerándolo cuanto mayores sean aquellas. Y, por último, la apertura al exterior es el tercer factor director de la terciarización de la economía.

Gráfico 1. Evolución de la importancia relativa de cada sector

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¿Dónde estamos? En España, en una fase muy similar a la de la economía europea (2), tras el proceso de convergencia de los últimos años (el punto de partida, en la década de los sesenta, mostraba un claro retraso, con un mayor peso de la agricultura). Y Europa, en línea con la menor renta per cápita respecto a EEUU (39.631 USD frente a 52.292 USD), se encuentra en un estadio anterior de terciarización (ver tabla 1). 

Tabla 1. Estructura productiva en términos de empleo

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¿Y a futuro? Copio, literal, ya que me parece muy interesante “Cabe esperar que, a medida que continúe el proceso de crecimiento del PIB per cápita, la agricultura y la manufactura continuarán perdiendo peso a favor de los servicios para converger a una estructura productiva similar a la de EEUU. Concretamente, con un crecimiento per cápita del 1,5% anual, la economía española alcanzaría los niveles actuales de PIB per cápita de EEUU en aproximadamente 20 años. De acuerdo a dichos niveles de desarrollo, el peso del sector servicios en términos de valor añadido se situaría en torno al 82% en lugar del 67% actual en detrimento de la manufactura que pasaría de representar el 29% a representar el 16%. Huelga decir que esta proyección debe interpretarse con cautela al abstraerse de otros fenómenos que pueden jugar un papel fundamental en la especialización productiva de la economía española en el futuro”.

Y atención a lo que sigue, clave para debatir sobre el futuro de la economía. “Asimismo, la importancia del cambio estructural y sus implicaciones son especialmente relevantes en un contexto como el actual, de creciente integración económica internacional, aumento del comercio de servicios, e intensificación del proceso de cambio tecnológico. En este sentido, las nuevas tecnologías se han relacionado en las últimas décadas con efectos sobre las pautas de consumo (redes sociales, productos electrónicos, motores de búsqueda). Sin embargo, las tendencias tecnológicas futuras estarán probablemente relacionadas con la inteligencia artificial y la robotización utilizada para la producción de bienes. Por lo tanto, los bienes digitales pueden convertirse cada vez más en bienes de inversión que pueden utilizarse en el sector manufacturero. De hecho, la inversión en bienes intangibles ha ganado peso de forma significativa en la economía española a lo largo de los últimos años (3). El impacto que estos desarrollos pueden tener sobre la especialización productiva de las economías desarrolladas y su desempeño en términos de crecimiento económico representa un campo de análisis aún poco explorado pero potencialmente muy fructífero”. Apasionante.

 

David Cano Martínez
@david_cano_m

(1) Se mide tanto en número de empleados como en valor añadido.
(2) Europa se calcula a partir de Francia, Reino Unido, Italia, Suecia, Holanda y Dinamarca.
(3) Sobre ese aspecto escribí esta reseña.