A pesar de la complejidad de algunos sectores, las empresas luchan por ganar cuota de mercado ofreciendo el mejor precio.

En la actualidad hay sectores empresariales que viven una batalla feroz basada en la obtención del mejor precio para ganar terreno a sus competidores. Muchas veces, esto pasa por recortar gastos superfluos que permitan ser más competitivos sin perder un ápice de calidad en el producto o servicio.

Uno de los sectores que sufre más esta lucha por lograr el mejor precio es el de la industria agroalimentaria, y en especial, el sector hortofrutícola y vitivinícola. Estos subsectores, estratégicos y con un gran peso dentro de la economía española, gozan de un amplio reconocimiento a nivel internacional, por lo que la alta competencia del sector por obtener el mejor precio exige que analicen a fondo sus cuentas para poder liderar el mercado.

Cuando las empresas tienen que ajustar tanto los precios para continuar siendo competitivos, deben buscar fórmulas alternativas que logren obtener un beneficio que muchas veces se encuentra oculto dentro de la propia organización. Para ello es primordial que inicien un proceso de análisis de costes en categorías estratégicas como el transporte, la energía, los envases y embalajes o los productos químicos, y otras genéricas como los seguros o las telecomunicaciones. En este sentido, las empresas pueden apoyarse, buscar ayuda y beneficiarse del conocimiento de compañías que centran sus esfuerzos en conseguir el máximo rendimiento de las organizaciones a través del análisis de sus cuentas, proveedores y métodos de trabajo, para evitar sobrecostes innecesarios y lograr conseguir ahorros. Expense Reduction Analysts, consultora líder en optimización de costes, tiene una larga experiencia trabajando con multitud de empresas de todos los ámbitos industriales y de servicios y logra obtener una media del 20% de ahorro, incluso en aquellos sectores donde es más complicado optimizar.

Una de las desventajas del sector hortofrutícola y vitivinícola es que sus empresas deben convivir en un entorno complejo e inestable, ya que “están obligadas a luchar contra la estacionalidad y la meteorología, agentes que inciden claramente en el éxito o el fracaso de una campaña”, indica Ramón Morte, consultor de Expense Reduction Analysts. Estos dos aspectos tienen un papel decisivo a la hora de definir el gasto de estas empresas, pues influyen en el volumen de producción y el precio de venta del producto, elementos que hacen más complicado su análisis a largo plazo. Para Carlos Aguilar, también consultor de ERA, “en situaciones tan competitivas en las que hay una lucha constante por el precio, la mejor forma de ahorrar es conocer esta industria y las tendencias del mercado e implementar palancas de ahorro que sabemos que son efectivas gracias a nuestra experiencia en el sector”.

Exceptuando los gastos de personal y el precio de compra del propio producto, que es la materia prima y, por tanto, una cuestión estratégica, “lo que más preocupa a las empresas de la fruta y la verdura es el precio del envase, el embalaje y el transporte, pues pueden significar el 70% del gasto”, asegura Morte. De hecho, en valores absolutos, es en estas categorías, junto con la energía y los productos químicos, donde se logra obtener un mayor ahorro, que puede llegar al 18%. Sin embargo, en categorías menores, como seguridad, telecomunicaciones o limpieza, los porcentajes son superiores, llegando a un 25% de reducción del coste inicial. La industria vitivinícola vive una situación parecida, ya que es en las cuentas de transporte y energía donde también pueden experimentar la mayor reducción del gasto. En líneas generales, el ahorro medio total conseguido en este tipo de empresas oscila entre un 8 y un 25%.

Los consultores perciben ciertas diferencias entre las grandes empresas y las pymes a la hora de lograr ahorros, ya que cuanto más volumen tiene una compañía, más fácil es ajustar el gasto. Además, en las empresas pequeñas es habitual que el propietario haga también la función de gerente y controle las partidas de gasto, mientras que en las macroempresas hay responsables para cada área, lo que les permite gestionar mejor cada categoría.

En este sentido, una de las claves es tener buenos acuerdos con los proveedores, teniendo en cuenta el precio que ofrecen, pero también la prestación de servicios y la disponibilidad. Debido a la naturaleza inestable de algunos sectores, en los que no es posible planificar la producción por culpa de componentes externos y que obligan a entregar en plazos muy cortos, tener proveedores con una disponibilidad absoluta y que sean fuertes en el servicio, puede colocar a las empresas a la cabeza en la carrera con sus competidores.

Tras un trabajo de optimización, las empresas acaban consiguiendo un gran margen de contribución que difícilmente conseguirían mediante precio, ya que para ello tendrían que aumentar las ventas de forma exponencial. El beneficio conseguido va directamente a la cuenta de resultados, hecho que les permite crecer y reinvertir los ingresos en la propia empresa para mejorar la productividad, renovar equipos y maquinaria o en la expansión empresarial.