Nos preocupa el crecimiento futuro de la economía. Debatimos sobre cuál debería ser el “modelo”: apostar más por la industria o por los servicios, promover un aumento del tamaño medio de las empresas, favorecer la internacionalización y la inversión en I+D, etc. Somos cada vez más conscientes de la importancia de la formación, de contar con estructuras institucionales y de gobierno estables, así como de un entorno regulatorio y fiscal previsibles. Una economía abierta al exterior y que mantiene los intercambios comerciales favorece su crecimiento potencial. ¡Perfecto! Existe un consenso generalizado al respecto. Pero me temo que se da una clara desproporción a la hora de interesarnos sobre cómo financiarlo y, lo que me preocupa más, la falta de visión compartida. Urge debatir sobre el modelo de financiación de la economía española y europea, más en el contexto de transformación del sistema bancario.

El caso español es claro. La recuperación económica de los últimos cinco años se está produciendo con un menor recurso al endeudamiento bancario, al menos si lo analizamos en términos netos. Aunque las entidades han vuelto a conceder crédito, lo hacen por importe que, como mucho, iguala a las amortizaciones. En definitiva, han sido compatibles tasas de avance del PIB del 3,0% con reduciendo del apalancamiento bancario. La economía española habría eliminado su dependencia del sistema bancario para crecer. Y esto es así, al menos, por dos motivos. El primero tiene que ver con la mejora de la estructura del balance de las empresas y su menor endeudamiento. El segundo, con el mayor recurso a los mercados de capitales, en concreto al de renta fija. En los últimos años se han acumulado los casos de empresas que han emitido bonos (con un vencimiento medio de 5 años) para financiar sus proyectos de inversión o, incluso, para sustituir crédito bancario. Es decir, se han dado pasos en el proceso de desintermediación del canal bancario como fuente de financiación del activo empresarial a largo plazo, en una tendencia que nos acerca un poco a lo que se da en economías más avanzadas como EEUU.

Ahora bien, la distancia con ese país es amplia, como demuestra que si allí apenas el 20% de la financiación es bancaria y aquí sigue siendo el 50%. Pero está claro que se han producido avances en una tendencia que entendemos no ha hecho más que empezar. El siguiente gráfico es bien ilustrativo de la situación actual y de su evolución.

Peso relativo de la financiación de mercado frente al crédito bancario

Lo he obtenido del artículo “La presencia de las empresas españolas no financieras en los mercados de capitales”, del último Boletín Trimestral de la CNMV. En él, los autores analizan los avances que se están haciendo en España en las vías de financiación empresarial alternativas al canal bancario. Como dato relevador: “los activos del sector bancario se han reducido desde máximos cercanos al 330% del PIB en 2012 hasta algo menos del 230%, mientras que el saldo vivo de la deuda (pública y privada), junto con la capitalización de las acciones, se ha ido incrementando progresivamente hasta estabilizarse por encima del umbral del 200% del PIB” (1)Es claro el mayor recurso actual a la emisión de bonos y acciones, pero también que sigue restringiendo a empresas de mayor tamaño (entre 200 y 400 millones de euros), a pesar de lanzamiento de mercados como el MaB (2006) o el MARF (2013). Y es que, en línea con uno de los puntos que señalaba al principio, los autores señalan que la “financiación de las empresas vía mercados no es una alternativa viable para aquellas que no superan un determinado umbral de tamaño, dado que no puede garantizarse la existencia de mercado para los valores emitidos”.

Emisiones de renta fija (izquierda) y renta variable (derecha) registradas en la CNMV

El artículo defiende que el desarrollo del crowfunding o del capital de riesgo favorecen las alternativas de financiación empresarial, pero es claro que todavía lo hacen de manera insuficiente, aunque desigual. En el caso de las plataformas de financiación participativa, el éxito es, con un censo de 27 agentes, limitado, pero no así en el caso del capital riesgo. Los 5.000 millones de euros de inversión registrados en 2017 constata la potencia de esta vía de financiación alternativa, como bien se ilustra en la obra “Private Equity en España. Oportunidades de crecimiento” de reciente publicación.

Una última conclusión del artículo, que también comparto: el papel amortiguador de contar con otras fuentes de financiación, con tener diversificados los orígenes de los fondos. Aporta gráficos muy reveladores que avalan la tesis del “carácter anticíclico o estabilizador de los mercados de capitales como fuente de financiación del sector empresarial, que no sustituto del crédito bancario”.

Lo dicho: tenemos que intensificar el debate sobre “cómo financiar”, como complemento indispensable al relativo al “cómo crecer”.

David Cano Martínez
@david_cano_m

(1) Ya comenté aquí la relevancia del tamaño del mercado bursátil en proporción al PIB como un indicador de desarrollo económico de un país