No, no me estoy refiriendo al saldo de la cuenta corriente de una empresa (¡que también es importante!), sino al de la balanza por cuenta corriente de una economía. Y es que en estos últimos meses se ha vuelto a poner de manifiesto la importancia de este indicador que, como es sabido, es una subalanza dentro de la balanza de pagos, y que recoge el comercio de bienes y servicios y la transferencia de rentas entre los residentes de un país y el resto del mundo. Una economía que importa más de lo que exporta y/o que tiene que hacer frente al pago por intereses del endeudamiento por una cuantía que supera a los réditos de sus inversiones en el exterior (por ejemplo) sufre un déficit por cuenta corriente que, evidentemente, tiene que ser financiado. Existen dos grandes alternativas para ello: inversión extranjera directa (por ejemplo la compra de empresas nacionales o inmuebles en el territorio); la segunda es la inversión en cartera (como es la compra de bonos por parte de inversores internacionales) (1). Mientras se cuente con financiación, un país puede mantener déficit por cuenta corriente. Pero es contundente la evidencia que revela la elevada vulnerabilidad que supone sufrir un déficit, ante la posibilidad de que sufra una finalización repentina de la financiación, sobre todo si está sesgada hacia la inversión en cartera. Es lo que los economistas denominamos “sudden stop” (2).

La periferia UME en general son un claro caso histórico. En 2008, España necesitaba financiación desde el exterior por algo más de 100.000 millones de EUR (acumulado en 12 meses), lo que equivalía a un 10% del PIB, que se conseguían mediante la compra por parte de inversores no residentes de instrumentos de renta fija (la denominada “inversión en cartera”). La parada en seco (motivada por la quiebra de Lehman Brothers) provocó el intenso repunte de la prima por riesgo y la necesidad de encontrar nuevos financiadores hasta que España eliminara su déficit por cuenta corriente. Entonces, aquí, el BCE salió al rescate “creando” euros (base monetaria), bien mediante inyecciones de liquidez a los bancos (que no de capital, por cierto) a través de las LTCM, bien mediante la compra directa de activos de renta fija emitidos por los gobiernos (SMP). La asistencia se completó con el recurso de algunos Tesoros nacionales a mecanismos de financiación como el EFSF o el ESM.

En las últimas semanas se han observado los efectos de un sudden stop sobre las variables financieras de Argentina, Turquía y, en menor medida, Sudáfrica. En los tres casos sufren déficit por cuenta corriente: del 5% en los dos primeros y del 2,5% en el último. En mayo, Argentina sufrió la parada en seco y en agosto fue el caso de Turquía, generando un efecto contagio sobre Sudáfrica y otras economías emergentes. ¿Las causas de este repentino final del flujo de inversión? La pérdida de confianza de los inversores internacionales. En Argentina, por la constatación de la delicada situación de la economía. La solución, al menos a corto plazo, elevar los tipos de interés, para hacer más atractiva la divisa tanto para los inversores internacionales como para los residentes (y evitar así la fuga). Todo ello junto con la solicitud de asistencia financiera al FMI. A partir de ahora toca ajustar la economía (reducir el déficit público y aprovechar las ganancias de competitividad tras la depreciación del peso para aumentar las exportaciones) y regresar al superávit por cuenta corriente. A los países de la periferia nos costó 5 años, sin poder recurrir a la debilidad del tipo de cambio. El ajuste se hizo “a pulmón”, con un mayor reflejo en los salarios y el empleo.

En el caso de Turquía, sin que la situación económica sea tan delicada, el principal error ha sido tratar el problema como una tensión política o considerar que se podría resolver apelando a sentimientos patrióticos o religiosos. La falta de independencia del banco central ha agudizado el problema. Hasta que Erdogan parece que ha entrado en razón y ha permitido el alza de tipos de interés. Moraleja: cuando un país (empresa) tiene necesidades de fondos desde el exterior tiene que mantener el atractivo y la credibilidad internacional para que le presten. Y esta se consigue con una política económica ortodoxa y evitando el enfrentamiento internacional.

¿Qué más países sufren déficit por cuenta corriente y, por lo tanto, deberían preocupar? Dos de ellos son muy relevantes: R. Unido y EEUU. En el primer caso, el déficit equivale al 4,5% del PIB, una cifra lo suficientemente alta como para que esta economía presente una clara vulnerabilidad. Más si está perdiendo capacidad de atracción de capitales ante la futura salida de la Unión Europea. Es verdad que el Banco de Inglaterra goza de una independencia y capacidad de actuación muy elevada, pero conviene advertir de un potencial deterior de la libra esterlina el próximo año si asistimos a un hard Brexit.

¿Y EEUU? Su desequilibrio exterior es del 2,5% del PIB. En USD es más relevador: 450.000 millones de USD anuales. Esta es la cifra que necesita atraer todos los años aquella economía. Y es obvio que lo consigue. Incluso por mayor magnitud dada la apreciación que observamos en la divisa. El creciente diferencial de tipos de interés frente al resto de monedas importantes es un factor de atracción de capitales. Pero no sólo: el dinamismo de su sector tecnológico y biotecnológico, residencial, el carácter de activo refugio del USD y de moneda de denominación del comercio internacional, etc. son factores que, de momento, permiten que aquel país tenga déficits por cuenta corriente. Es como la familia rica o la empresa dinámica que genera rentas y que se financia sin ningún tipo de restricción. El apalancamiento, a costes inferiores a la rentabilidad que consigue, le permite aumentar su tamaño y fortaleza.

Ahora bien, es nuestra obligación como economistas advertir de que, de cara a los próximos meses, el déficit por cuenta corriente de EEUU es un factor de presión depreciador para el USD, como lo es el diferencial de inflación y su sobrevaloración actual. Si el área euro consigue mantener un avance del PIB en la zona del 2,0% en 2018 y, sobre todo, asistimos a un alza de tipos del BCE, entonces podríamos asistir a una apreciación de nuestra divisa frente al USD hacia la zona de 1,2500 USD/EUR. Esto dice la teoría. Pero con EEUU (y el Área euro) nunca se sabe, ya que no deja de sorprender positivamente (negativamente).

David Cano Martínez
@david_cano_m

(1) Por limitación de extensión estoy simplificando. Otras alternativas de financiación es la desinversión del exterior.
(2) Como le sucede a una empresa con su financiación ajena.